Trapicheando

De todo un poco

Dicen de mí que cuando me da por algo no paro….No sé si es una virtud o un defecto pero soy así.

Ya os he contado mis inicios en el mundo del trapicheo haciendo bolsos y más bolsos como para llenar una tienda. Desde entonces curioseo a menudo las múltiples opciones que existen para crear cosas con este material. Manejando sólo dos o tres puntos básicos de crochet puedes crear distintos complementos o accesorios.

Hoy os quiero mostrar ese “pasito más“, ese “y si…“, ese “eso no tiene na que hacer“.

Tenía en puertas el bautizo de la hija de mi amiga Nati. No sé vosotr@s, pero yo le suelo dar bastantes vueltas a la cabeza a la hora de hacer un regalo a una persona que es cercana a mí. Cada vez es más difícil acertar con algo porque se suele tener de todo y casi siempre se acaba con mucho de lo mismo. Estaba en pleno proceso de creación con trapillo así que me dediqué a buscar una variación.

Encontré un tutorial de una colcha…“no,…el trapillo pesa mucho y como colcha creo que quedaría demasiado rígida. Pero,…y si…la hago más pequeña…para una alfombra en su cuarto…Sí, me gusta y eso no tiene na que hacer”.

Ea, pues a empezar. Me decidí por colores pasteles pero sin centrarme en el típico rosa. El resultado? Aquí lo tenéis

Alfombra trapillo

En esta foto faltaba coserla del revés…hago la foto antes para recordar la combinación de colores que me parece más apropiada.

Ventajas?: haces un regalo original, exclusivo y que demuestra interés y cariño por la persona que lo recibe. Inconvenientes?: gusta tanto que aún tengo pendiente de hacer alguna (Susana, tranquila que llegará).

Llevaba tiempo con el trapillo y me encontré con que tenía una gran bolsa con restos de diferentes colores y me pareció perfecto para intentar un par de cosas.

Había visto unas cestas que quedaban preciosas por el cuerpo que proporciona el trapillo. La quería grande y hubiese necesitado varios ovillos pero “…y si uno los restos?”. Podía salir algo divertido verdad?. Pues sí, a partir de unos restos apareció una cesta grande y divertida donde hoy mi cuñada guarda sus labores en su salón para tenerlas a mano.

Cesta trapillo

Viendo escaparates me dí cuenta de que el trapillo se había convertido en algo muy habitual en nuestros estilismos. No sólo se podía tejer sino también se podía utilizar como base de complementos como pulseras o collares.

Se acercaba la Navidad y desde hace unos años suelo regalar cosas creadas por mí, regalo DIM (do it myself). Si el trapillo estaba de moda y los escaparates estaban llenos….“eso no tiene na que hacer”.

Existe una gran variedad de complementos que se pueden hacer con trapillo. Trenzados, mezclados con otros materiales,…yo me decidí por una versión sencilla pero que me pareció muy resultona. Es esta

Pulseras trapillo

Este post es sólo una muestra de todo el abanico de opciones que existen para hacer con trapillo,…o con lana…o hilo…o fibras,…Plantéate un paso más, un toque personal, un “y si,,,”, un “esto lo hago yo”, un “esto no tiene na que hacer”….curiosea y ve trapicheando.

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Trapicheo

De todo un poco

Cuando era pequeña quería imitar a mi madre en casi todo. Por las noches ella cogía sus agujas de punto o de crochet y, casi sin mirar lo que hacía, aparecía un día con un chaleco o un paño para la mesa. “Yo quiero aprender mamá, quiero hacer lo mismo que tú”….pero claro, imitarla cogiendo las agujas y la lana finita que utilizaba, no mirar lo que estás haciendo como ella hacía, poner una postura de brazos que parecía que estaba matando a alguien y  pretender que todo salga rápido y bien,…pues no, no resulté demasiado victoriosa en el intento.

Mis únicos logros fueron aprender el punto al derecho, el punto al revés y conseguir hacer una bufanda para mi Barbie. El crochet…ni lo intenté.

….hasta que, años después, tuve que preparar mi primera comunión y aprendí el universo del punto enano. No es que la edad me hubiese dado más soltura con el manejo de las agujas. Que va. Pero descubrí que las no muy diestras en el tema tenemos una opción mucho más apropiada para nosotras: las agujas gordas. Yo estaba acostumbrada a ver en casa las típicas agujas de crochet metálicas finitas pero no sabía que existían de mayor grosor. Cuanto más gruesas más fácil resulta la labor porque además son para hilos o lanas gordas.

A ese descubrimiento fundamental para mi torpeza, se unió la aparición de un nuevo material que antes no se conocía: el trapillo. Son tiras de tejido de algodón o licra unidas hasta componer un ovillo. Cómodo, fácil de tejer gracias a su grosor, con cuerpo, perfecto para el tipo de agujas que os he comentado y con una amplia variedad de colores y estampados.

Era perfecto y decidí que haría bolsos.

De nuevo visualicé tutoriales en youtube hasta encontrar el tipo de bolso que más me gustaba. Los puntos ya los tenía dominados después del trabajo de mi primera comunión así que todo resultó más fácil.

El tipo de bolso que más me gustó fue el típico con boquilla.

Suelo ser bastante exagerada para todo y cuando me da por una cosa y me siento motivada, me pongo a hacerla sin parar. Los tejía, les añadía un forro bonito y les cosía la boquilla.

Lo curioso y especial de las cosas hechas a mano es que aunque utilices los mísmos puntos y el mismo patrón, nunca salen 2 bolsos iguales,…parecidos pero siempre diferentes.

A medida que los iba haciendo se me ocurrían distintas posibilidades y variaciones.

Bolso trapillo 2014-01-24 20.06.38 2014-01-24 20.11.53 2014-01-24 20.19.51 2014-01-24 20.23.47 2014-01-24 20.26.16 2014-03-20 13.03.42 2014-03-20 13.05.16 20140410_120127 2014-04-13 20.41.14 IMG-20150928-WA0003

Os preguntareis qué hice con tanto bolso….pues resultaron el regalo perfecto para Navidad y cumpleaños. Es igual de gratificante crear como recibir algo hecho a mano por la persona que te regala. Es original, exclusivo, demuestra interés por el regalo y, por lo menos a mí, me parecen preciosos.

Mi primera comunión.

Decoración, Manualidades

Lo recuerdo perfectamente….mi cuñada se puso delante de mí y me preguntó: “Gema, que podriámos hacer para la comunión de Ana?. Había pensado que a ver si se te ocurre algo para decorar el restaurante y para regalar algún detalle a los invitados. Flores o alguna cosilla de crochet. No sé, ..”.

De esto hace ya 4 años y aunque yo siempre estaba maquinando cosas, NUNCA había sacado mis manualidades caseras a la calle y JAMÁS había hecho crochet. “Dar un toque de decoración al restaurante y hacer crochet??. Estamos locos??. No, yo eso no sé hacerlo, no me va a quedar bien porque no lo he hecho nunca y el crochet tiene que ser complicadísimo, no, no…aunqueee….vi hace poco una idea para las mesas de una boda que podría amoldar a la comunión y podría quedar chulo, y….en youtube…seguro que hay tutoriales para aprender a hacer algo básico de crochet….Sí,….podría ser….voy a investigar un poco…”.

Así comenzó todo, mi cuñada pulsó un botón en mi cabeza que hasta hoy no he podido apagar. Desde ese momento no paraba de darle vueltas y mirar ideas que yo pudiera hacer en casa fácilmente pero que lucieran tanto como Ana, mi chica.

Tenía que dedicarme a dos temas: algo para personalizar el restaurante y un detalle casero para regalar a los invitados .

Había visto en alguna ocasión una idea para una boda….sí, la podía amoldar a la comunión.

Lo que yo vi eran unas margaritas de papel pinchadas en el cesped y su misión era el reparto de las mesas para los invitados. Cada margarita tenía el número de una mesa y en sus pétalos estaban escritos los nombres de los invitados correspondientes. Genial, me encantaba, seguíamos con el tema “Flores”, pero yo no tenía césped en la puerta del restaurante así que tenía que dar un giro a la idea, darle “mi toque”.

El reparto de las mesas suele estar indicado en las puertas del restaurante así que decidí hacer margaritas grandes, tantas como mesas y pincharlas en un par de maceteros flanqueando la puerta. Dentro, encima de cada mesa pondría una margarita más pequeña indicando su número.

Se trata de dibujar margaritas grandes en la cartulina poniendo tantos pétalos como invitados lleve esa mesa, ponerle en el centro su número y escribir los nombres de los invitados correspondientes. Por ejemplo: la mesa 2 sentará a 8 invitados, pues la margarita grande con el número 2 tendrá 8 pétalos y en cada uno de ellos estará escrito el nombre del invitado. Para poder pincharlas a los maceteros y hacer el tallo de la flor yo opté por comprar en un vivero unas guías para plantas, pero serviría cualquier listón o similar que les de altura y permita pincharlas en la maceta.

Las margaritas pequeñas únicamente indicaban el número de la mesa y el tallo lo hice con alambre.

En total fueron 10 margaritas grandes y 10 pequeñas para las mesas. Cartulina, tijeras, pegamento y rotuladores, no hay más truco pero como siempre digo, imaginación con los detalles. Dar volumen a los pétalos, caligrafía cuidada, margaritas naturales para los centros de las mesas,… Este fue el resultado:

Quedó vistoso, apropiado para una comunión de niña, original y divertido.

A mi amiga Sonia le gustaron tanto las margaritas que hace un par de años me las encargó para el bautizo de su hijo.

En esta ocasión, personalicé más las margaritas pequeñas rotulando el nombre y la fecha. Además, ese día hizo bastante calor y los invitados acabaron usándolos como abanicos. No era su misión pero resultó bastante práctico.

Bueno, regresemos a los preparativos de la comunión de mi chica. La decoración estaba lista pero quedaba el tema del regalo para los invitados.

Regalar una pequeña flor tejida a mano me pareció una buena idea pero no quería que fuese lo típico que tantas veces nos han regalado en bodas, bautizos y comuniones y que acaba en un cajón porque no son útiles ni pegan con nuestro estilo (vamos, que son feos).

Una flor de crochet? vale, pero las pondría en una diadema para las niñas y le prendería un imperdible tipo broche para las señoras. La idea estaba clara ahora tenía que aprender a hacerlas y el comodín youtube fue mi salvación.

Tutoriales me vi cientos hasta encontrar el estilo de flor que me gustaba pero no sabía trasladar las explicaciones a papel para hacerme un patrón, no sabía de qué me estaban hablando. Así que una tarde con un café en la mano puse el portatil delante de la tita Lola y todo quedó claro como el agua. “Apunta Gema: una cadeneta, cuatro puntos enanos, ese, ese que hace la muchacha ahora, tres puntos altos dentro de ese agujero, un aumento…”. Para mí era chino mandarín pero a fuerza de ver las imágenes con las indicaciones de la tita que se ponía las manos en la cabeza cada vez que me veía con la aguja “parece que estás matando dragones con una lanza”, el jardín empezó a florecer.

Hice más de 50 e incluso hice alguna más después de la comunión para regalarla a personas queridas para mí y quedarme yo con algunas. Incluso he vuelto a aficionarme a llevar diademas. Os muestro cómo quedaron:

Desde ese momento que me puse a hacer crochet me dí cuenta que “todo es ponerse”. Si no sabes hacer algo pero te apetece hacerlo, pregunta, mira, lee, prueba…prueba otra vez….al final sale.

La comunión de mi chica fue el primer sitio donde mostré mis manualidades, fue,,,mi primera comunión.