Trapicheo

De todo un poco

Cuando era pequeña quería imitar a mi madre en casi todo. Por las noches ella cogía sus agujas de punto o de crochet y, casi sin mirar lo que hacía, aparecía un día con un chaleco o un paño para la mesa. “Yo quiero aprender mamá, quiero hacer lo mismo que tú”….pero claro, imitarla cogiendo las agujas y la lana finita que utilizaba, no mirar lo que estás haciendo como ella hacía, poner una postura de brazos que parecía que estaba matando a alguien y  pretender que todo salga rápido y bien,…pues no, no resulté demasiado victoriosa en el intento.

Mis únicos logros fueron aprender el punto al derecho, el punto al revés y conseguir hacer una bufanda para mi Barbie. El crochet…ni lo intenté.

….hasta que, años después, tuve que preparar mi primera comunión y aprendí el universo del punto enano. No es que la edad me hubiese dado más soltura con el manejo de las agujas. Que va. Pero descubrí que las no muy diestras en el tema tenemos una opción mucho más apropiada para nosotras: las agujas gordas. Yo estaba acostumbrada a ver en casa las típicas agujas de crochet metálicas finitas pero no sabía que existían de mayor grosor. Cuanto más gruesas más fácil resulta la labor porque además son para hilos o lanas gordas.

A ese descubrimiento fundamental para mi torpeza, se unió la aparición de un nuevo material que antes no se conocía: el trapillo. Son tiras de tejido de algodón o licra unidas hasta componer un ovillo. Cómodo, fácil de tejer gracias a su grosor, con cuerpo, perfecto para el tipo de agujas que os he comentado y con una amplia variedad de colores y estampados.

Era perfecto y decidí que haría bolsos.

De nuevo visualicé tutoriales en youtube hasta encontrar el tipo de bolso que más me gustaba. Los puntos ya los tenía dominados después del trabajo de mi primera comunión así que todo resultó más fácil.

El tipo de bolso que más me gustó fue el típico con boquilla.

Suelo ser bastante exagerada para todo y cuando me da por una cosa y me siento motivada, me pongo a hacerla sin parar. Los tejía, les añadía un forro bonito y les cosía la boquilla.

Lo curioso y especial de las cosas hechas a mano es que aunque utilices los mísmos puntos y el mismo patrón, nunca salen 2 bolsos iguales,…parecidos pero siempre diferentes.

A medida que los iba haciendo se me ocurrían distintas posibilidades y variaciones.

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Os preguntareis qué hice con tanto bolso….pues resultaron el regalo perfecto para Navidad y cumpleaños. Es igual de gratificante crear como recibir algo hecho a mano por la persona que te regala. Es original, exclusivo, demuestra interés por el regalo y, por lo menos a mí, me parecen preciosos.

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Rosaritos y Lolas

De todo un poco

Continuamente guardo imágenes de internet en una gran carpeta a la que llamo “Ideas”. Unas salen y otras no, como casi todo.

Hace unos meses guardé unas imágenes de unas muñecas cabezonas que me encantaron y me puse a pensar en qué podía utilizarlas.

La idea llegó como siempre, en la cama cuando no puedo dormir: y si las pongo en bolsos? pero como? con telas? No, no creo que quede bien porque las telas se desilachan y no haría buen efecto. En bolso grande? no, tiene que resultar plano y pequeño para que luzca la muñeca…Piensa Gema, piensa…ya está.

Primero, confeccionar el bolso y elegir telas con cuerpo y bonitas. Afortunadamente mi Tita y mi madre siempre han cosido y tengo un cajón de retales preciosos y llenos de recuerdos. Yo no soy buena costurera y siempre suelo acudir a la costura menos complicada. Busqué en internet una plantilla para bolsos de boquilla, un par de costuras para unir el exterior con la tela que se utiliza para el forro, coser la boquilla y sin darte casi cuenta, aparece esto:

Ahora entra en juego la imaginación. Para crear las muñecas opté por fieltro y Goma Eva. Desde que descubrí estos materiales los he utilizado bastante porque tienen las ventajas de la tela por su cuerpo y textura, y del papel porque no se desilacha y se corta muy fácilmente. Además los encuentras de todos lo colores y estampados.

Dibujé todas las piezas que tenía que uitilizar para crear la muñeca y con paciencia las vas pegando al bolso.Primero la cara, luego el pelo, el vestido, la boca…y cada una te va pidiendo un detalle especial, algo que las haga únicas.

Tijeras, tela, hilo, pegamento y toda la imaginación que quieras utilizar. Es una estupenda opción para reciclar retales y permitirles de nuevo salir a la calle, además de rememorar imágenes pasadas en tu memoria. Retales de vestidos de cuando era paqueña, ropa de mi madre, aquella tela para cojines que nunca llegó a confeccionarse,…

Este tipo de bolsos yo los llamo mis “Rosaritos” porque me recuerdan a los estilismos de la época de nuestras madres y que mejor nombre que el de la mía.

Estaba muy contenta con el resultado pero al acercarse la Feria de Abril, decidí darle una vuelta de tuerca.

Hace años que cuando me visto de flamenca llevo bolso tipo bombonera a juego con el traje. Como este año estaba tan reciente la creación de las Rosaritos, se me ocurrió vestirlas acorde con la fecha.

La confección del bolso? igual, aunque utilizando telas de flamenca acordes con tu traje o la misma tela si se dispone de ella. Lo demás?: imaginación, imaginación y más imaginación con los detalles. Color de pelo de la flamenca que lo vaya a llevar, flecos, flores, broches,…no hay reglas ni límites.

Para estos bolsos necesitaba un nombre flamenco…Lola, mis “Lolas”, …te quiero tita.