100 años de sillas

Restauraciones

Tengo la suerte, o eso me parece a mí, de que sólo tengo que darme una vuelta por mi casa para encontrar algún mueble o objeto antígüo que necesite algo de restauración. Son muebles pertenecientes a mis bisabuelos, abuelos e incluso tatarabuelos,…en serio. Nunca nos hemos desecho de ellos porque son de calidad, de una estética preciosa que ya hoy no se fabrica y aunque el paso del tiempo los ha ido dañando y no servían para su uso principal, mantenían un carácter único a pesar de ser relegados a meros objetos decorativos.

Es el caso de las sillas que os presento a continuación.

La primera es la más antígüa y sólo tengo una. De la segunda tengo una pareja.

El paso de los años las habían ido debilitando y el problema principal era la inmensa cantidad de agujeros por carcoma que tenían. Eran sillas relegadas a un rincón escondido de casa como decoración o relleno. Perdieron su  utilidad.

Pensé que sería bonito proporcionarles de nuevo la función para la que habían sido fabricadas y poder utilizarlas diariamente.

Así que me llevé  2 sillas al taller, una de cada clase porque sabía que el proceso iba a ser largo y lento y 3 sillas del tirón resultaría muy pesado. Separé a la familia….de momento, aunque eso os lo contaré otro día.

Primer diagnóstico: poca estabilidad, varias capas de barniz y mucho pero que mucho agujero por carcoma.

Si la silla o mueble en general está estable, no suelo desmontarlo porque las piezas antígüas suelen estar vencidas por el paso del tiempo y luego es muy costoso encajarlas. Aquí no hubo más remedio porque estaban muy inestables y “bailaban” peligrosamente. Desmontarlas te permite encolar luego pieza a pieza y reforzar o sustituir tornillos para lograr que vuelvan a ser fuertes.

Llegó el momento de colocarse los guantes y quitarles la pintura. El único truco para que queden bien es decapante, espátula y rascar y sudar mucho hasta llegar a la madera original. De esta forma reciben el tratamiento anticarcoma más eficazmente al poder penetrar mejor en la madera.

A medida que iba quitando las múltiples capas de barniz que tenían, aparecían más y más señales de carcoma. No eran sólo los agujeritos típicos, eran pasadizos, galerias enormes!

Una de las patas estaba demasiado dañada y decidí sustituirla por la pata de la silla que había dejado en casa. No tenía buena pinta verdad?.

Ahora tocaba eliminar cualquier resto que quedase de carcoma y prevenir su aparición. No es complicado. Requiere únicamente mucha paciencia. Con una jeringa vas inyectando el producto anticarcoma AGUJERO POR AGUJERO, envuelves el mueble en plástico y lo dejas así por lo menos una semana.

Si esto requería paciencia, mucho peor fue lo que vino después. Los muebles maltratados por la carcoma han perdido también consistencia porque los bichitos han ido comiendo madera trocito a trocito. Para solucionarlo hay que inyectar AGUJERO POR AGUJERO un producto que se llama consolidante. Es pastoso y hay que inyectarlo hasta que vaya entrando poco a poco en el agujero y rellene todas las galerías.

Internamente ya estaba tratado, ahora había que solucionar las huellas externas. Siempre había escuchado que los agujeros de la carcoma se rellenaban con pasta o con cera. Pero en el taller he aprendido una solución mucho más efectiva ideada por mi profesora de restauracion Margarita Carballido. Mirad:

Sí. Palillos de dientes.

La cera o la pasta puedes desprenderse con los cambios de temperatura y con el paso del tiempo, además repelen el tinte. Por esa razón hemos visto muebles restaurados con muchos lunaritos en un color más claro donde antes había agujeros.

Los palillos de dientes mojados en cola se introducen AGUJERO POR AGUJERO, con un martillo buscas la dirección interna que tienen hasta llegar a su tope y luego cortas al ras. Junto con el cosolidante anterior proporciona consistencia a lo que antes estaba hueco y cuando tiñes recibe el color de la misma forma que lo recibe el resto del mueble porque en definitiva no es más que un palito de madera.

Pesado, laborioso y lento. No sé cuántos agujeros descubrí ni cuántos palillos utilicé pero se taparon todos. Lijar para limpiar y dar uniformidad.

Era el momento de volverlas a montar. Costó un poco, pero todo encajó. Cuando las miré sanas, limpias, lijadas…parecía que sonreían.

Desde el primer momento tenía claro el color del tinte: azul.

Mi padre piensa que todos los muebles tienen que ser marrones, de color madera….todo lo demás son modernidades que no entran en lo clásico. Yo pienso que si tratas un mueble con mimo, le das un giro adaptándolo a la época, respetando sus “arrugas” y llevándolo a tu estilo…puede ser de cualquier color según el gusto y estilo de cada uno.

Así que nada. Dije azules y azules serían. Tenía en la mente un azul oscuro, clásico y que permitiera ver las vetas de la madera. Resultó un tinte perfecto complemetado con el posterior pulimentado con cera azul casera teñida en casa al baño maría.

Hoy las usamos a diario,…y a mi padre le encantaron.

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